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EL MANDALA DEL TAROT



Ahí ven la estructura completa de un mazo de tarot. En la parte inferior, la zona terrenal y material, la acción y la creatividad: Oros (Pentáculos) y Varas. En la parte superior, el Cielo, lo Inmaterial, lo espiritual: Copas y Espadas.

En la zona izquierda, Lo Femenino: receptividad, fecundidad, cuidado, emoción, sentimiento, inteligencia emocional, responsabilidad, es decir, Oros y Copas. En la zona derecha, Lo Masculino: la acción, la inteligencia racional y fría, es decir, Espadas y Varas.

La Cruz Esvástica sinistroversa que forman los palos (es decir, que gira en sentido contrario a las agujas del reloj), marcan el constante devenir. En los opuestos, encontramos sus complementarios: Copas - Varas y Oros - Espadas.

Los Cuatro Elementos están asociados a cada uno de los palos del mazo: Oros se asocia a Tierra (lo terrenal, material), Varas al Fuego (símbolo de actividad creativa y de vitalidad), Espadas al Aire (lo inmaterial, las ideas, los pensamientos, las creaciones ilusorias de nuestras mentes) y Copas al Agua (la fecundidad, la regeneración, la fuente de la vida, las emociones que se adaptan al entorno, la empatía). Aunque esta asociación es solo un punto de vista, el de la Orden Hermética de la Aurora Dorada.

El travesaño horizontal de la cruz central está ocupado por los Personajes o Figuras de la Corte. Dependiendo del mazo encontrarán distintos personajes: Reyes o Caballeros, Reinas, Príncipes, Princesas, Sotas, Pajes, Hijos, Chamanas....

Con todo esto pueden hacerse una composición mental de como es el alfabeto que van a usar, porque el tarot es también un alfabeto ideográfico.


EL ORDEN DE LOS ARCANOS según ROSS CALDWELL

Ross Caldwell


EL ORDEN DE LOS ARCANOS DEL TAROT por el inefable Ross Caldwell con la ayuda, siempre gratificante y refrescante de Michael Dummet:

<< Desde el primer orden de los triunfos conocido, que se remonta a principios del siglo XVI [el sermón de Steele], resulta evidente que se trataba de un juego con un trasfondo ético. El Bagatto (el Mago) representa al hombre común, al que le son dadas guías temporales, la Emperatriz y el Emperador, y guías espirituales, el Papa y la Papisa (la Fe). Los instintos humanos deben ser mitigados por las virtudes: el Amor por la Templanza y el deseo de poder, o sea, el Carro, por la Fuerza (la virtud cristiana de la “Fortitudo”). La Rueda de la Fortuna enseña que cada suceso es efímero y que también los poderosos están destinados a convertirse en polvo. El Ermitaño, que sigue a la Rueda, representa el tiempo al que cada ser debe subordinarse y la necesidad de cada ser humano de meditar sobre el valor real de la existencia, mientras que el Colgado (el Traidor) denuncia el peligro de caer en la tentación antes de que nos alcance la muerte.

También el Más Allá está representado según la típica concepción medieval: el Infierno, y por ende el Diablo, se sitúa por debajo de la corteza terrestre, sobre la cual se extienden las esferas celestes. Como en el cosmos aristotélico, la esfera terrestre está rodeada del círculo de los “fuegos celestes”, representados en los rayos que caen sobre una Torre. Las esferas planetarias se sintetizan en tres astros principales: Venus, la Estrella por excelencia, la Luna y el Sol. La esfera más alta es el Empíreo, sede de los Ángeles que en el día del Juicio serán llamados para despertar a los muertos de sus tumbas. Sobre todos se encuentra el Mundo, es decir, “el Dios Padre”, como se denomina esta carta en el Sermón de Steele. El mismo religioso que lo escribió puso al Loco después del Mundo como para denotar que está aparte de toda regla y enseñanza, en tanto que, faltándole la razón, no es capaz de entender la verdad revelada. >>


EL ORDEN DE LOS ARCANOS según OSWALD WIRTH

Oswald Wirth


Para Oswald Wirth, uno de los autores esotéricos más lúcidos del siglo XX, el tarot es un camino de iniciación. Wirth distingue dos vías: la material (solar, activa, arcanos 0 a XI; lunar, pasiva, arcanos XII a XXI). Y para cada Arcano, Wirth da nuevos sentidos sin perder su significado arquetípico:

<< El Juglar a la búsqueda de la iniciación se topa en primer lugar con La Gran Sacerdotisa (II), detentadora de los secretos del mundo: para leer en su libro, se necesita la inteligencia de La Emperatriz (III) y del Emperador (IV). Con El Sumo Sacerdote (V) la iniciación se hace efectiva: el hombre va a conseguir elevarse a través de las pruebas de los otros arcanos, entre las cuales la primera será la tensión del Enamorado (VI), centro de la primera hilera de láminas, pues sin impulso efectivo nada es posible. Después de esta elección que lo compromete, el señor del Carro (VII) corre el riesgo de abusar de su poder y de enorgullecerse de su fuerza; La Justicia (VIII) le recuerda la ley del indispensable equilibrio, y, fuerte en su ideal, partirá como Eremita (IX) a través del mundo; pero, en la medida en que El Eremita busca la verdad, juzga y pone en movimiento La Rueda de la Fortuna (X) que da lo que él debe recibir, según su estado interior y su propio deseo de evolución. Sólo La Fuerza (XI) puede parar La Rueda de La Fortuna. Al término de esta primera vía, el iniciado ha encontrado lo que buscaba; La Fuerza tiene el mismo tocado que El Juglar: la lemniscata o signo de lo infinito.

Con El Ahorcado (XII), principio de la segunda hilera, el iniciado entra en un mundo invertido en donde los medios materiales resultan ineficaces: es la vía mística y pasiva. El arcano XIII sin nombre nos indica que la muerte, cuya lámina es roja, color de sangre y de fuego, corta y quema las ilusiones; lejos de ser el fin, es un comienzo. Pero en esta vida nueva que se nos promete no hay que forzar las etapas: las exigencias de La Templanza (XIV) son las mismas que las del Eremita (VIII); es únicamente tras haber cobrado conciencia de sus límites y adquirido el equilibrio interior cuando el hombre podrá afrontar al Diablo (XV), símbolo de la tentación más grave, la que nos promete poderes ocultos, tan grandes como los claros poderes de Dios, pero que tejen otros tantos lazos con la potencia diabólica. Desgraciadamente todas las construcciones del orgullo humano están condenadas a la caída, y he ahí La Torre herida por el Rayo (XVI). A partir de ahora, ya no le queda al hombre más que La Estrella de Venus (XVII), estrella doble de la esperanza y del amor, centro de la segunda hilera de láminas y base del eje vertical del Tarot. Como la Luna acompaña a la estrella en el cielo físico, así la sigue (XVIII) en el mundo simbólico del Tarot, portadora de los valores del pasado, poseedora de todo lo inconsciente, dominio de lo imaginario en donde se forman los sueños. Sin la alianza de la Estrella y de la Luna, no podríamos afrontar la luz y el fuego del Sol (XIX), arcano de la iluminación total, bajo el cual, por primera vez, el hombre ya no está solo. A partir de ahora, puede ser juzgado en su totalidad, en sí mismo y en sus obras. Su hijo, con los ojos del ángel del Juicio (XX), simbolizará el testigo. Ha alcanzado la cumbre de la iniciación, y El Mundo (XXI) no es entonces más que una especie de síntesis de lo que ha obtenido. "Ha logrado operar la transmutación del mundo objetivo en valor psíquico, es decir, en lenguaje alquímico, que habiendo partido del Juglar de la materia prima ha terminado en el oro" >>


EL ORDEN DE LOS ARCANOS según OUSPENSKY

P.D. Ouspensky


Piotr Demiánovih Ouspensky es uno de los esoteristas más interesantes de principios del siglo XX. Sigue y difunde el famosísimo "Cuarto Camino" de Gurdjeff. En distntas obras suyas y usando el tarot de Wirth como base (Ouspensky cree que sólo el mazo de Marsella o variaciones son tarot auténticos), se puede encontrar lo podría ser un Camino de iniciación del Tarot que arranca en las Figuras de Corte y los Ases y termina en el Arcano XXI.

Si lo seguimos desde los Ases, pasando por las Sotas, Valets o Pajes, las Reinas y los Reyes, hasta llegar a los Caballeros, abarcando la totalidad de los arcanos menores (Copas, Bastos, Espadas y Oros), nos encontraríamos con las primeras etapas del desarrollo espiritual del ser humano, plenas de apegos, espejismos, egoísmos, envidias, codependencias, etc. El equivalente a lo que los sabios de la India denominan Maya: la cárcel de la ilusión del mundo en la que vivimos atrapadas casi todas las personas.

Según el tarot, el primer tipo de hombre es como un niño, alguien muy joven o, en el peor de los casos, si no se ha desarrollado siquiera un poco, un esclavo mental como la Sota, el Valet o el As. Estos arcanos son el principio del viaje, el inicio de cualquier cosa. Se trata de alguien que aún no piensa por sí mismo, dedicado a obedecer, a complacer a los demás y a hurtar o tomar prestadas ideas de los otros para luego creer que son originales. La mayor parte de la humanidad no posee ideas propias. Grandes cantidades de hombres permanecen la mayoría de su vida e incluso mueren en la fase más primitiva, bajo el influjo hipnótico de Maya y el sueño lunar: totalmente dormidos y subyugados por las apariencias del mundo.

Un segundo tipo de hombres es representado por la Reina: mucho más capaces de tomar algunas decisiones, con algo de astucia y con un poco de libertad, la cual en ocasiones no han tenido que buscar conscientemente; a veces alguien se las ha obsequiado, quizá se las heredaron o la sustrajeron furtivamente a otros. En este estadio del desarrollo, la persona se encuentra aún sometida al influjo total de la figura materna, dominado por ella. Representa a alguien con ciertas concesiones y libertades, empero, dormido en sus laureles, incapaz de renunciar a sus comodidades y privilegios. Como la define Ouspensky: una personalidad que se quedó estancada en su desarrollo aunque en algún momento pudo crecer y liberarse, y cuyas posibilidades pueden perderse.

El tercer tipo de hombre corresponde al Rey, quien ha tenido que luchar (y no pocas veces, a muerte) por defender o ganar su reino. Son un poco más dueños de sí mismos y de su espacio, en contraste con la Reina, el Valet o la Sota. Ha hecho un trabajo emocional nada exento de sufrimientos, los cuales los han fortalecido. Poseen bastante fuerza, aunque pueden seguir estando influidos por el peso de la figura masculina. Todo lo que han conseguido lo pueden perder todavía, sobre todo con las acciones de otro rey rival, con quien eventualmente les sería difícil negociar o dejar de rivalizar. De hecho, aún se encuentran en conflicto con la figura del padre y este es su principal punto débil, a pesar de todas las concesiones y facultades obtenidas.

De pronto, se llega por fin a una fase posterior del rito de iniciación. El Caballero del tarot representa a la persona que ya emprendió su camino espiritual, comenzó a pensar por sí misma, dejando de ser un esclavo mental, confrontó y venció a la Reina y al Rey, a quienes a pesar de todo respeta y ama, reconciliándose y trascendiendo su relación con la figura materna y paterna. El Caballero se encuentra listo para abandonar el nivel superficial de los arcanos mayores. No lo seducen ni el poder, ni el dinero, no lo domina el sexo, las religiones ni las filosofías, aunque conoce un poco de todos ellos, los cuales están representados por las Espadas, las Copas, los Bastos y los Oros. No odia ni se confronta con las figuras de autoridad, sean estos hombres o mujeres, pero tampoco sucumbe bajo su seducción y autoridad.

Un buen día, el Caballero se cansa de estar vinculado o unido a cualquier Rey o reino. Es el momento de dejar de dar cuentas a alguien y gobernarse solo. Todo aquel que ha abandonado la seguridad de un empleo estable, de una iglesia, de una institución o de una familia, arriesgándose para sobrevivir por su cuenta propia, se refleja en él. El peso de sus utensilios bélicos lo agobia, comprende que si desea crecer, deberá renunciar a todo. Se despoja de su armadura y de su equipo de guerra para iniciar el verdadero camino, que apenas comienza. Encontró a un perro por el camino y se hizo su amigo: en un futuro próximo el animalito lo ayudará para aprender a dejarse guiar por sus instintos. Hasta entonces ha trepado por una larga escalinata, creyendo que pronto se acercaría a su objetivo, empero, el trabajo real sobre el denominado Cuarto Camino, el Camino del Espíritu, apenas comienza. Este caballero se encuentra listo para convertirse en el Loco: el arcano número 0 del tarot.

Y de ahí, en adelante...